lunes, 19 de octubre de 2009

Amor y destino

Suena el despertar, la luz secreta
que dicta al ser el acto verdadero.
Libre de todo, por sus pasos acompañado,
vive el hombre que ha de ver el mundo,
el esplendor, la idéntica imagen
de las voces que le afirman.
Eterno con la luz de todo.
Fuerte en su frágil calidez.
Sensible y puro como las nubes
que resbalan cúpulas de equilibrio.
Es el hombre de nadie, ni de sí mismo.
Es el hombre libre, ser de arena infinita
clamando océanos que surcar en soledad dorada.
Lágrima de amor, enamorada de su totalidad concebida.
Pasajera de lo imborrable, enigma de lo transitado,
emoción del paisaje que llamó a la puerta del mundo,
bella como un instante y suave como su sombra casi olvidada.
La noche invoca al deseo y los blancos cielos a su ángel.
Todos juntos despiertan con las luces que nacen.
Y en su torre de astros, el amor, la semilla alta del tiempo,
la voluntad del hombre que tras el sueño es de nadie.

1 comentario:

Cruz Diaz dijo...

Profundo y bello. un placer.

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