domingo, 20 de abril de 2008

viernes, 29 de febrero de 2008

Amanecer

La voz interior cubre tu conciencia,
eres semilla de luz, espacio libre de vida,
eres el comienzo, la flor perpetua
del amor incondicional, el eco gozoso
que renace en la respiración del instante.

Abierto al suave existir, iluminado,
caminas con pasos entregados al silencio
de la contemplación resplandeciente.

Eres el enigma del sueño que se esparce,
la blanca esperanza de lo divino,
el corazón amante de lo único,
de lo inexplorado, de lo viviente.

Eres la estancia infinita
de tu íntimo y dorado
amanecer.

lunes, 21 de enero de 2008

Devenir

Según va pasando el tiempo uno aprende a hacerse menos preguntas... quedaron tantas sin contestar. Sólo queda la mirada de los días pasados y un presente que se resuelve por sí solo, como si el karma me arrastrase por la marea de este extraño despertar que es la vida, un ir y venir constante hacia alguna parte, una conciencia indecisa que no conoce ninguna respuesta, y se vuelve silente, vacía, desapegada. Todo es una ilusión, un sueño trágico o dulce, o imposible, o seguro, o quién sabe qué. Según van pasando los años uno aprende a hacerse menos preguntas y a dejarse arrastrar, con cierto sosiego y meditada precaución, por la marea del tiempo, que todo lo absorbe.

miércoles, 2 de enero de 2008

De lo invisible del ahora

¿Qué signo destruye el signo oculto del aire,
qué signo de otro signo desvela la sombra de otra sombra?
¡Qué silencio tan dulce recorre tu alma cuando ya nada sabes
y en el no saber te descubres! Aire del ahora que desmaya al tiempo,
versos de espacios en blanco que desarman al espacio, noche sin ojos
que la luz esconde, ojos sin noche que a la luz renacen.

martes, 18 de diciembre de 2007

Juventud

Naces del deseo y desembocas
solamente desembocas,
caes, te vas, enmudeces.
solamente te vas,
como hija del tiempo
solamente enmudeces,
con tu aire instintivo
de belleza. Frágil como la vida,
fuiste fugaz eternidad, juventud.

viernes, 7 de diciembre de 2007

Desesperanza poética

Haber vivido con el peso de latitudes agonizantes,
haber nacido en un mundo de pérdidas y ansiedades,
ser para nada, un lamento en la noche sola, acaso
un abrazo verdadero que nos redima de tantas puñaladas.
La muerte a cada paso, en la respiración, en el vientre,
en el corazón advertido de entierros familiares, en la suerte
que nos depara la ceniza, la ceniza con su sentido de polvo enamorado.
Haber vivido con la esperanza a cuestas y comprender, lleno de sombras, su pérdida,
el vacío, la desolación del tránsito sin nadie. Sin amigos, sin aliento, sin mañana.

lunes, 22 de octubre de 2007

Réquiem

Morir, dejarlo todo, abandonar el sufrimiento a través del sufrimiento. El paso de la vida a la muerte, antes y después, el deseo agonizante del espíritu, las sombras de la conciencia, la imperfección más pura, toda la realidad en evidencia a lomos del escepticismo, el dejar de saber, el no comprender el fenómeno de la vida y la otredad. El silencio, la calma tras la agonía, la búsqueda que halla el letargo que nos arrastra, el rayo de la carne buscando a la carne, las últimas guaridas del hombre embarcado en su destino, el golpe de vida, la ilusión taciturna del romántico que navega por su trascendencia, el surco del corazón en busca del alma.

La distancia del que nada posee ni a nadie, tan sólo a su misterio. El cántico espiritual de la tristeza, la alegría, el dolor… esa búsqueda sublime que nos hace perennes en la impermanencia. El abismo de la vida, cultivado de quimeras y visiones, la pobre esperanza del que espera el olvido eterno. Sueños de abandono, renuncias flacas y despertares imposibles, abrazo, abrazo fraternal de comprensión.

Morir, dejarlo todo, abandonar el sufrimiento a través de la desdicha divina del ciclo último, perder el aliento en la emoción plena de la posibilidad. Acertar en el rito de la despedida, aquel que anuncie la elección del corazón fatigado de esperar. Cerrar la puerta, abrir la vida verdadera, la senda intransitable de la esperanza.

Vivir, acechar la respuesta del susurro, despertar, sí, despertar por fin contra la innata pulsión de la supervivencia. Entregar el alma a lo posible, a lo venidero, a lo inescrutable. Quedarse quieto, mudo, insólito ante el nuevo amanecer. No arrastrar las desvencijadas siluetas de un pasado perdido, absorber el futuro en un estado de calma desplegada, resurgir del océano tras el naufragio de la existencia, resurgir amando la naturaleza impropia, la inoportuna necesidad del hambre y la sed. Abandonar el alimento en busca de la verdad del alma.

Salir del samsara una y otra vez, alentando al corazón, el goce de lo humano, la respiración. Perderlo todo, la frágil conciencia, la perpetua consciencia, el árido devenir, la fatal ilusión, el calor. Llegar a la luz última, al frío del camino elegido, el del abandono, la renuncia, el del clamor constante del existir sin existencia.

jueves, 6 de septiembre de 2007

Llegada

Tempestad del corazón, desolación del sentido: una montaña de luz majestuosa recobra el eco de tu vientre renovado, manantial de vida, hora nueva de los ángeles armónicos del alma. Impresión del pasado y del presente, interrogación del mañana. Saber qué serás y qué no serás cubre las horas que pasan sin ser nada, tan solo premonición asustada del venir.

lunes, 27 de agosto de 2007

Alegoría del Sol (I)

En el principio fue Hiperión. El rayo de luz anterior al Sol, la eternidad misma.
El calor del alma es un influjo que sobreviene del Cielo.
El Cielo existe en el Espíritu. En el aliento.
Todo el dolor crece como el Sol, toda la felicidad es su reflejo, la Luna.
Hiperión todo lo observa. Está ahí para saber.
La felicidad es el conocimiento del Alma.
El dolor es el deseo y la ignorancia. Buda es el camino
que nos aleja del fatum o karma. La idea de querer ser Dios es el infierno del dolor.

martes, 21 de agosto de 2007

El viejo Siddhartha

De tanto naufragar su corazón fue tomando la apariencia del hielo. Todo el calor del mundo estaba lejos de sus brazos, cansados de abrirse a la nada. Ahora busca el sagrado Om, al igual que el viejo Siddhartha. Ahora deja caer su cabeza en el río para ahogarse de inmortalidad, para rozar el vértice sagrado de los peces, para sucumbir en el agua de brahmanes acuáticos llenos de luz. Pero le falta el aire y no prosigue el curso del río, sus pies se nutren de lo inmóvil y nada avanza, ni la suerte, ni la fe, ni el sagrado Om, que ya se parece a un grito hueco de orfandad. Amenaza con volver al río, y no sabe lo que significa nadar contra la corriente. Amenaza su naufragio. Sin épica. Sin regreso. Ya todo se va, su espíritu hecho de anhelos, su mirada de búsqueda, su inmensa vacuidad, el vago resplandor de su conciencia. Ya todo se va, el río transporta ruinas de aire, cabellos canos y dorados, manos agitadas, piernas lentas y fugaces. El río se lleva al que fue un día todo lo innombrable, todo lo inmortal… el uno todo de lo eterno. El río se lleva una sombra hecha de cuerpo y de soledad.

lunes, 20 de agosto de 2007

Durante mucho tiempo

Se ha despertado temprano y ha viajado una vez más por el sueño de después. Huele a cenizas y el amanecer parece escarcha, los ojos entreabiertos respiran todavía la penumbra, la voz muda la conciencia o lo que quede de ella. Se humedece el alma de recuerdos, de las noches de ayer y de mañana, de lo que falta para que el corazón culmine sus horas. Es todo una prisión, salvo la esperanza.

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