martes, 18 de diciembre de 2007
Juventud
solamente desembocas,
caes, te vas, enmudeces.
solamente te vas,
como hija del tiempo
solamente enmudeces,
con tu aire instintivo
de belleza. Frágil como la vida,
fuiste fugaz eternidad, juventud.
viernes, 7 de diciembre de 2007
Desesperanza poética
haber nacido en un mundo de pérdidas y ansiedades,
ser para nada, un lamento en la noche sola, acaso
un abrazo verdadero que nos redima de tantas puñaladas.
La muerte a cada paso, en la respiración, en el vientre,
en el corazón advertido de entierros familiares, en la suerte
que nos depara la ceniza, la ceniza con su sentido de polvo enamorado.
Haber vivido con la esperanza a cuestas y comprender, lleno de sombras, su pérdida,
el vacío, la desolación del tránsito sin nadie. Sin amigos, sin aliento, sin mañana.
lunes, 22 de octubre de 2007
Réquiem
Morir, dejarlo todo, abandonar el sufrimiento a través del sufrimiento. El paso de la vida a la muerte, antes y después, el deseo agonizante del espíritu, las sombras de la conciencia, la imperfección más pura, toda la realidad en evidencia a lomos del escepticismo, el dejar de saber, el no comprender el fenómeno de la vida y la otredad. El silencio, la calma tras la agonía, la búsqueda que halla el letargo que nos arrastra, el rayo de la carne buscando a la carne, las últimas guaridas del hombre embarcado en su destino, el golpe de vida, la ilusión taciturna del romántico que navega por su trascendencia, el surco del corazón en busca del alma.
La distancia del que nada posee ni a nadie, tan sólo a su misterio. El cántico espiritual de la tristeza, la alegría, el dolor… esa búsqueda sublime que nos hace perennes en la impermanencia. El abismo de la vida, cultivado de quimeras y visiones, la pobre esperanza del que espera el olvido eterno. Sueños de abandono, renuncias flacas y despertares imposibles, abrazo, abrazo fraternal de comprensión.
Morir, dejarlo todo, abandonar el sufrimiento a través de la desdicha divina del ciclo último, perder el aliento en la emoción plena de la posibilidad. Acertar en el rito de la despedida, aquel que anuncie la elección del corazón fatigado de esperar. Cerrar la puerta, abrir la vida verdadera, la senda intransitable de la esperanza.
Vivir, acechar la respuesta del susurro, despertar, sí, despertar por fin contra la innata pulsión de la supervivencia. Entregar el alma a lo posible, a lo venidero, a lo inescrutable. Quedarse quieto, mudo, insólito ante el nuevo amanecer. No arrastrar las desvencijadas siluetas de un pasado perdido, absorber el futuro en un estado de calma desplegada, resurgir del océano tras el naufragio de la existencia, resurgir amando la naturaleza impropia, la inoportuna necesidad del hambre y la sed. Abandonar el alimento en busca de la verdad del alma.
Salir del samsara una y otra vez, alentando al corazón, el goce de lo humano, la respiración. Perderlo todo, la frágil conciencia, la perpetua consciencia, el árido devenir, la fatal ilusión, el calor. Llegar a la luz última, al frío del camino elegido, el del abandono, la renuncia, el del clamor constante del existir sin existencia.
jueves, 6 de septiembre de 2007
Llegada
miércoles, 29 de agosto de 2007
lunes, 27 de agosto de 2007
Alegoría del Sol (I)
El calor del alma es un influjo que sobreviene del Cielo.
El Cielo existe en el Espíritu. En el aliento.
Todo el dolor crece como el Sol, toda la felicidad es su reflejo, la Luna.
Hiperión todo lo observa. Está ahí para saber.
La felicidad es el conocimiento del Alma.
El dolor es el deseo y la ignorancia. Buda es el camino
que nos aleja del fatum o karma. La idea de querer ser Dios es el infierno del dolor.
martes, 21 de agosto de 2007
El viejo Siddhartha

De tanto naufragar su corazón fue tomando la apariencia del hielo. Todo el calor del mundo estaba lejos de sus brazos, cansados de abrirse a la nada. Ahora busca el sagrado Om, al igual que el viejo Siddhartha. Ahora deja caer su cabeza en el río para ahogarse de inmortalidad, para rozar el vértice sagrado de los peces, para sucumbir en el agua de brahmanes acuáticos llenos de luz. Pero le falta el aire y no prosigue el curso del río, sus pies se nutren de lo inmóvil y nada avanza, ni la suerte, ni la fe, ni el sagrado Om, que ya se parece a un grito hueco de orfandad. Amenaza con volver al río, y no sabe lo que significa nadar contra la corriente. Amenaza su naufragio. Sin épica. Sin regreso. Ya todo se va, su espíritu hecho de anhelos, su mirada de búsqueda, su inmensa vacuidad, el vago resplandor de su conciencia. Ya todo se va, el río transporta ruinas de aire, cabellos canos y dorados, manos agitadas, piernas lentas y fugaces. El río se lleva al que fue un día todo lo innombrable, todo lo inmortal… el uno todo de lo eterno. El río se lleva una sombra hecha de cuerpo y de soledad.
lunes, 20 de agosto de 2007
Durante mucho tiempo
Se ha despertado temprano y ha viajado una vez más por el sueño de después. Huele a cenizas y el amanecer parece escarcha, los ojos entreabiertos respiran todavía la penumbra, la voz muda la conciencia o lo que quede de ella. Se humedece el alma de recuerdos, de las noches de ayer y de mañana, de lo que falta para que el corazón culmine sus horas. Es todo una prisión, salvo la esperanza.
domingo, 5 de agosto de 2007
Respiración
un segundo y es el alma quien habla en la noche
te dice que has llegado mientras
posas las manos sobre tu vientre
has llegado a ti mismo
y al fin
puedes respirar
Sigue el ritmo del aire
sigue la vida el curso que promete
y tus ojos cerrados ya no se abren
porque siguen el curso de la muerte
viernes, 8 de junio de 2007
Silencio oído
La voz tranquila de mí mismo es mi silencio,
se mueve sola y yo sonrío al tocarla.
lunes, 4 de junio de 2007
Bohemios
qué difícil es pasearse por las calles y reírse por dentro de los demonios de allí afuera
qué difícil de sobrellevar es la locura fría del hombre cuerdo
qué difícil lo tendría Baudelaire
en este siglo XXI
El ser sensible del siglo XIX+2
La insensibilidad no duele, acaso sí. La insensibilidad puede rozar la sensibilidad de un ser sensible y hacerle sufrir. La insensibilidad sensibiliza. Pero lo sensible puede revolcarse, volver desensibilizado. El golpe es mortal. Adecuado. Necesario para la vida. Pero doloroso. El ser sensible es aquel que tiene tiempo para morir.
Pero el ser sensible también vive el mundo y por eso, aprende a desensibilizarse del mundo, para agarrar todo el pragmatismo tan necesario de nuestro tiempo si se desea sobrevivir. Las sociedades imponen su razón y el hombre las acata porque es su deber como hombre aunque sin un sentido nacido individualmente sino como consecuencia nada más que de su carácter. Unos sobreviven, otros sucumben. Algunos equilibran y sitúan al arte, pensamiento, humanidades, etc, como el simulacro de su vida. También es un simulacro la televisión e Internet, es decir, todo lo que nos dé vida para continuar con la muerte. Nos hemos acostumbrado a quitar trascendencia a la vida y ver su discurso trascendente sobre etiquetas estéticas, bien modeladas, quizá para que nos hagan menos daño.
Los jóvenes tienen un teléfono móvil. Esta afirmación es casi una regla. Ellos lo han inventado, esto es, sus necesidades. Los jóvenes tienen Internet. Ellos lo han inventado, es decir, sus necesidades. Nada tiene una sinrazón, todo tiene un porqué. La tecnología busca calmar el alma así como la cultura. Pero, ¿cómo?, ¿tienen alma los jóvenes?
Quizá no interese la propuesta. Quizá interese la seguridad del superhombre, el dolor teatralizado y la muerte pospuesta. La vida se convierte así en un dejar para luego lo más importante, y el alma, esa que no existe, deja totalmente de existir, quemándose en las cenizas de su silencio.
¿Por qué tanto pesimismo?, ¿Cuál es la razón de ello?, ¿Una necesidad posmoderna?
Sólo un consejo. El arte cura pero su curación no es pragmática. Dicen que una lágrima es mejor que esconder el sufrimiento, pero ¿es acaso el arte una lágrima que sale de nosotros? El arte reconoce la imposibilidad. El mundo posible es un eco que sólo podrá ser mirado con optimismo por los ojos de un Sancho Panza quijotizado. Es decir, el loco es el cuerdo y su cordura es la razón de su sufrimiento. Hay siglos de soledad, siglos como el nuestro. Hay siglos en que todo lo oscuro de su pasado sirvió para mostrar la evidencia de que hay juegos reales que han perdido su razón de ser. Juguemos al simulacro, inmolémonos sin ser verdaderamente nosotros, hagamos lo que somos, pero sin ser.