jueves, 1 de diciembre de 2016

Fidel Castro

Mientras el mundo gana un nuevo sátrapa, Donald Trump, que aunque democráticamente elegido no deja de representar una ideología radical y tiránica; el mundo pierde a Fidel Castro, quizá el último representante del comunismo auténtico, aquel que no se vendió al capitalismo nunca. El mundo gana a un estandarte del capitalismo y perpetúa los valores del imperialismo, como diría Fidel Castro, aquel imperialismo que siembra la gran paradoja del mundo, la paradoja de la evolución tecnológica y la involución humanista, de un sistema que reparte sus riquezas a unos pocos, donde una mayoría vive para trabajar y consumir y donde la otra parte del planeta se mantiene esclavizada produciendo a bajo a coste al primer mundo. Quizá todo esto nos hace mirar a Castro con ojos nostálgicos, a pesar de las dudas que su “dictadura” dejó en cuanto a libertades. Pero, sin embargo, miramos hoy a Cuba como quien mira a un niño que aún no ha perdido la inocencia que el paso de los años procura, viviendo el sueño real de un comunismo que sobrevive como puede, pese a un bloqueo eterno que les impide avanzar. Obama quiso estrechar lazos, abrir fronteras, pero Trump no ha perdido oportunidad en descalificar a un líder que pasará a la historia por haber luchado hasta el final, y con éxito, por unos mismos valores desde sus inicios. Mientras, los siervos del imperialismo se venden, por un puñado de dólares, y venden a su pueblo a esta esclavitud del consumo que parece ser la felicidad. Probablemente la utopía, ese no-lugar, está para que nunca se realice, para permitirnos seguir soñando. Que cada uno juzgue, pero que nadie nos impida soñar hasta la victoria -y hasta la libertad- siempre.

La Tribuna de Albacete, 30-11-2016

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